DETRÁS DE LA VENTANA. EN SAN FELICE CIRCEO CON CLAIRE BEVILACQUA

Estaba tumbada en una cama grande de una vieja casa blanca. Perdida en un pequeño pueblo de la costa oeste italiana, me rodeaba un jardín de bugambilias y olivos. Claire Bevilacqua, una surfista profesional venida de Australia, me había traído hasta ahí, a la casa que construyó su abuelo con sus propias manos hace más de un siglo atrás.  Y esa cama, con una virgen en la cabecera, vigilante, expectante, me cobijaría durante las cinco noches que pasaría en aquella naturaleza mediterránea. Cámara de video en mano, buscábamos historias en San Felice Circeo mientras esperábamos las olas que prometían las previsiones.

Dormía en aquella cama grande… queriendo que ese swell llegara, que ese revoltijo de olas en mi mar se formara despacio y decidido. Oí un estruendo afuera. Me levanté entre crujidos de muelles y roces de mantas, y abrí la ventana de madera. Ráfagas de viento empezaron a sacudir las sábanas de la cama. La luz blanca me hizo cerrar los ojos… me acostumbré y ahí estaba. El jardín se había transformado en una playa bañada por la bruma de la primera hora de la mañana, extendiéndose sin un final aparente, justo debajo de la casa. El mar rugía en un temporal de espuma y desorden, tal y como el Mediterráneo nos tenía acostumbrados, curvándose en las esperadas olas de tormenta. Algunos surfistas empezaban a correr para el agua.

Se abrió la puerta. Claire entró y se quedó, de pie mirando por la ventana, a mi lado. “Ya han llegado… esta vista de la playa, tan blanca, parece una postal de Navidad”. Me reí.

Alguien tocó a la puerta. Abrí los ojos. Seguía tumbada y era de noche. No había olas en el jardín, no había surfistas, no había bruma… sólo el cielo negro adivinándose a través del cristal de la ventana (cerrada) y las rotundas bugambilias. Claire asomó la cabeza. “¿Estás despierta?” Entró y se sentó a los pies de mi cama. La recordé esa misma mañana, a los pies de un monte de 700metros diciéndome “Ahora podemos decidir si vamos por el camino fácil o difícil. Ya sabes que para el video, contra más cerca de la muerte, mejor. Pero ten claro que si ahora escogemos el camino difícil, no puede haber marcha atrás. Tendremos que seguirlo hasta el final”. Un espíritu de atleta que escondía, trás la dureza, tozudez y a veces brusquedad, un corazón de oro.

“Siento haber estado así de tensa hoy… estoy algo nerviosa”, me dijo. “Tranquila, no te preocupes…todos tenemos días peores y días mejores” le contesté “Yo ya tengo algo que agradecerte: hacía más de un año que no soñaba con olas”.

No hace falta decir qué camino escogimos… y que ese swell tan esperado, llegó.

(Si queréis saber más sobre Claire, podéis encontrarla aquí )



One Response to “DETRÁS DE LA VENTANA. EN SAN FELICE CIRCEO CON CLAIRE BEVILACQUA”

  1. Albita says:

    Precious!

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